Llévala contigo, ahí registra tus logros y kilos que pierdes cuando te ejercitas.
A diario: Escribe lo que comes, sobre todo los días que haces ejercicio y, si crees que engordaste, revisa el menú, porque con excusa de que luego lo quemas, la tentación de pasarte es muy fuerte. Recuerda que, para perder 25 gramos, es necesario caminar 5 kms., y ello no justifica una doble ración de postre. Apuntar tu menú también los días que no entrenes te ayudará a controlarte en la mesa.
Si vas al gimnasio...
Lleva un registro de tus progresos. Apunta la carga inicial de las pesas. La meta es usarlas cada vez más grandes y aumentar las repeticiones. Notarás que mejoras a las tres semanas; a partir de entonces, puedes aumentar el peso y la frecuencia. Califica cada sesión. Ponte una nota de 1 al 5. Eso te ayudará a entender los cambios en tu rendimiento.
Cada semana: Apunta tu peso. El primer mes que empieces a hacer ejercicio pésate una vez a la semana y apúntalo en tu agenda. Al principio perderás alrededor de medio kilo semanal, pero a los dos meses de entrenamiento volverás al peso inicial. Al perder grasa, ganarás alrededor de 2 kilos de músculo, por lo que tendrás la sensación de que nada ha cambiado. En realidad, habrás perdido una talla y estarás mucho mas ágil. A partir de este momento deja de pesarte y dedícate a disfrutar del ejercicio.
Todos los meses: Usa una cinta métrica. Mide la circunferencia de tus muslos. Llegarás hasta un centímetro mensual. ¡Anótalo y compruébalo!
Mide la grasa. Mes a mes escribe el porcentaje de grasa corporal. Para saberlo, usa el plicómetro, un instrumento que encontrarás en los gimnasios y que mide los pliegues de la piel. Llegar a 18% sería ideal; después, sigue midiéndote, para asegurarte de que no engordas.
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