
Pero ¿de qué modo lo hacemos? ¿Cómo debe comer nuestro hijo para estar bien nutrido y enfrentarse con garantías a los rigores del frío que ya tenemos encima? ¿Qué alimentos le benefician más?
En primer lugar, la clave para mantener al niño sano y bien alimentado es ofrecerle una dieta completa, equilibrada y variada, incluyendo productos de todos los grupos alimenticios.
Así se beneficiará de las propiedades que los distintos alimentos le aportan.
Los niños deben hacer cuatro comidas al día: desayuno (que debe suponer el 25% del aporte alimenticio diario), comida (el 30%), merienda (el 15%) y cena (el 30% restante).
Si es posible, adapta su horario al familiar para que comáis todos juntos y evita que picotee entre horas.
Para asegurarte de que tu hijo se alimenta bien, ofrécele a diario:
Hidratos de carbono (deben suponer el 50% de la alimentación del día). Aportan energía y se encuentran en las frutas, las verduras, las legumbres, las patatas y los cereales.
Grasas (el 35%): dan energía, transportan las proteínas liposolubles y dan sabor a los alimentos. Están en los productos lácteos, el aceite y los frutos secos.
Proteínas de alta calidad (15%). Son esenciales para el crecimiento del niño y las contienen principalmente las carnes, los pescados y los huevos. Otros alimentos indispensables que también aportan proteínas son la leche y las legumbres.
Vitaminas y minerales. Son micronutrientes que están presentes de forma natural en los alimentos y que “trabajan” para el correcto funcionamiento del sistema metabólico, por lo que son imprescindibles.
Todos los alimentos son bienvenidos, pero algunos, como los que destacamos a continuación, resultan especialmente interesantes para la dieta infantil debido a sus numerosas propiedades, muy beneficiosas para los niños. Que no le falten.
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