Se pincha en las bandas platismales: son fáciles de identificar ya que, cuando pones el cuello en tensión, son las que bajan desde la base de la cara hasta la clavícula.
La nueva mesoterapia.
Los tratamientos poco invasivos se utilizan para rejuvenecer el rostro en términos generales. Además de los conocidos rellenos de ácido hialurónico o las inyecciones de botox, surgen otras técnicas, como la mesoterapia con agujas curvas (en IML), que busca reconstituir el tercio inferior de la cara (reponer volúmenes y evitar el efecto cara caída).
Se usan agujas curvadas que lo que hacen es dejar el producto que se infiltra (vitaminas A, C, B y D; ácido hialurónico...) a diferentes profundidades, pero haciendo un trayecto que eleva la piel. El producto se queda bajo el rostro como pequeños ‘arpones’ que lo sujetan. Se hace una sesión al año y el resultado es muy natural, se obtiene un efecto ‘buena cara’.
6 mentiras sobre el botox
El botox es tóxico: no, en realidad es una proteína purificada de toxina botulínica de tipo A, que se puede inyectar únicamente bajo prescripción y supervisión médica.
Es un relleno: Falso. Lo que hace es relajar los músculos que, al contraerse, acaban formando arrugas en la piel.
Es carísimo: no tanto. Una sesión de Vistabel (nombre comercial de la toxina botulínica para uso cosmético en España) cuesta alrededor de 300 ó 400 euros. Si tenemos en cuenta que
el tratamiento se realiza cada seis meses, el precio diario estaría entre 1,6 y 2,2 euros.
Es un tratamiento para gente famosa: para nada. La usuaria tipo es madre de familia, de entre 40 y 55 años, y busca tener un aspecto descansado y relajado.
Tras sucesivas sesiones, el botox se acumula en el cuerpo: nunca ocurre así. Se trata de un producto reabsorbible que el organismo elimina cada cinco o seis meses.
Requiere anestesia: qué va. Es un tratamiento ambulatorio que se realiza en consulta, no necesita anestesia y el paciente se puede incorporar a su vida inmediatamente.
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