Sin embargo, te enfrentas a dos problemas que aceleran el envejecimiento de tu piel: fuerte deshidratación y la contaminación de la ciudad.
Cara. Es sorprendente el estrés al que no sólo te sometes tú cuando corres entre semáforos y las calles están repletas de gente, sino también a la piel de tu rostro. Durante la época de calor, no hay un lugar cerrado que no tenga el aire acondicionado a máxima potencia; no te expongas demasiado tiempo a él ya que deshidrata de forma inmediata la piel. La polución es el otro gran enemigo; ensucia tus poros sin dejar que la piel transpire. La forma más efectiva de combatirlos es la limpieza diaria con un gel o desmaquillante, un tónico suave y una buena hidratante. Y dos veces a la semana, aplícate un sérum directamente o bien pon un par de gotas en tu hidratante.
Cuerpo. Las zonas que sufren más por estar siempre desprotegidas son el rostro y las manos. Muchas veces centramos nuestros cuidados en la piel de la cara, o en piernas y abdomen, sin embargo, las manos son uno de los reflejos más visibles de la edad que tenemos. Si no se hidratan profundamente y se protegen del sol, las manchas y las arrugas serán irreversibles. Consigue cremas que hidraten durante las 24 horas del día y aplícatelas dos veces al día. Enseguida notarás los resultados.
Pelo. Es imprescindible que utilices mascarillas nutritivas para sanearlo si pasas tus vacaciones en una ciudad. Estará suave y brillante.
Textos: Andrea Acha
Haga click aquí para leer más artículos de Novarevista