1. “Flexiones de pié”. De cara contra la pared, tomad distancia con los brazos apoyando las palmas de las manos contra la pared.
Flexionad los codos de manera que el pecho toque la pared (hacedlo lentamente), sin mover las piernas ni doblar las rodillas. Volved a la postura vertical. Si podéis hacerlo de manera horizontal ¡sois unas campeonas!
2. Sentadas (preferentemente en el borde de una silla) flexionad los brazos a la altura del pecho de manera que se junten las puntas de los dedos. Para más referencia, vuestros dedos deben de quedar cerca de la hendidura del pecho. Levantad los codos hasta los hombros y volver a la postura anterior. Como si fuesen alas e intentaran volar.
3. En la misma posición anterior, cruzad las manos para sostener los antebrazos. Desde allí, presionad los músculos hacia adentro y hacia afuera con golpes cortos y secos. Esto se logra empujando nuestras manos, que sostienen nuestros antebrazos, hacia nuestros codos, como si quisiéramos alcanzarlos, pero sin soltar nunca los antebrazos. Sentirán el movimiento en los pechos.
4. Sentadas, con la espalda bien derecha, levantad un brazo y estiradlo hacia el techo lo más que se pueda, mientras el otro, caído a lo largo del cuerpo actúa como contrapeso. Hacedlo con ambos brazos.
Con bandas elásticas
1. Tomad una banda elástica (si no la tenéis podéis comprar un metro de elástico resistente), enrollamos un tramo en cada mano. Con los brazos flexionados a la altura del pecho, estirar con toda la fuerza queriendo separar las manos tanto como sea posible, regresad a la posición original.
2. Sentadas, con las piernas levemente flexionadas, sujetad la banda con las plantas de los pies, un extremo en cada mano, cruzad los brazos tanto como podáis. Otro ejercicio consiste en hacer movimientos de remar.
Nota: nuestros lectores pidieron que habláramos del cuello y sus músculos que también son parte de la belleza pectoral. Entonces, haced gesticulaciones con la cara por ejemplo, con la comisura de los labios formad una “U” invertida. Haced tantas gesticulaciones como se les ocurra a cualquier hora, excepto en el metro en hora punta. Sentid cómo los músculos del cuello se estiran. No sólo lo agradecerá vuestro cuello y pecho sino también vuestro rostro. No hagáis estas gesticulaciones en el metro en hora punta. Por favor.
Por Carlos Gutiérrez
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