Adelgaza

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Si eres de las personas que sin aumentar su ingesta de alimentos notan que empiezan a coger kilos y que ese cambio coincide con una etapa de preocupaciones, debes saber que es por desembocar un estado de estrés prolongado...

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Lo que nos engorda es la vida. En esta afirmación tan clara y tajante de la doctora Pilar Senpau, en realidad se encierran cientos de estudios sobre la relación entre nuestras emociones o sentimientos y sobre la forma en la que nos alimentamos, con sus inevitables consecuencias en el caso de hacerlo mal: sobrepeso, trastornos alimentarios, déficits vitamínicos...

Según esta misma experta, se ha demostrado científicamente que la ansiedad engorda. Esa relación es evidente, porque las personas somos alma y cuerpo, somos un todo, de modo que cualquier cosa que afecte a nuestra psique repercutirá también en nuestro cuerpo y a la inversa. El peso forma parte de nuestro físico, así que todo lo que nos ocurra, negativo o positivo, se refleja en él.

Nuestro organismo está preparado para hacer frente al estrés agudo, y la adrenalina que segregamos ante situaciones traumáticas no nos causa problemas. Lo que sí acaba por dañarnos es soportar una situación de ansiedad prolongada, pues en ese caso segregamos unas sustancias que alteran la absorción de los alimentos y producen una necesidad constante de ingerir azúcares. Así, cuando saqueamos la nevera a las seis de la tarde, lo hacemos porque nuestro cerebro necesita glucosa para seguir funcionando, explica Senpau. Al haber más azúcares en sangre, nuestro organismo los absorbe a más velocidad y se acaban transformando en grasa. Es en este punto cuando comienza a cerrarse un círculo muy peligroso.

Cuanta más ansiedad, más kilos

¿Qué nos pasa cuando notamos que hemos engordado? No nos sentimos a gusto, nuestra autoestima se resiente, la ropa no nos sienta bien (porque nos está pequeña) y, en el 90% de las ocasiones, nos negamos a pronunciar la frase maldita: ¿Me puedes traer una talla más?. Esta situación nos provoca más ansiedad aún y se produce un conflicto que la doctora Monserrat Folch (licenciada en Medicina y Cirugía, y especialista en Dietética de la clínica Teknon) define a la perfección: ¿Qué necesitamos en ese momento?, ¿un endocrino para bajar de peso o un psicólogo que nos ayude a canalizar la ansiedad? Si comenzamos una dieta de adelgazamiento, hay que tener claro qué nos ha hecho engordar, y si llegamos a la conclusión de que es culpa del estrés o la ansiedad, hay que tratar primero eso. La decisión de enfrentarnos a un menú hipocalórico cada día es también una fuente de ansiedad, y ya van tres: la que nos ha hecho engordar, la que se ha producido al comprobar que hemos cogido peso y la que nos genera saber que vamos a tener que empezar a comer menos. ¿Qué hacer entonces? Intentar reducir el nivel de nerviosismo, de intranquilidad. Hay prácticas que ayudan a ello, como el yoga, control mental, taichi, acupuntura... Por otra parte, la doctora Senpau recomienda también jugar con lo...

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